
HABLANDO DE GENTES
Hablando de gentes,
¿te das cuenta
que entre tu pantalla
y tu cara,
hay la misma distancia
que desde mi pantalla
a la mía?
¿Ves?
No estamos tan lejos
¿Un metro?
¿Dos?
Pero si casi te veo
riendo,
anda, anda,
sube el volúmen
y vamos a hablar.
¡Qué gusto da,
llamar a una puerta
y desde fuera oír
que de dentro gritan:
ya vaaaaaa!
Es como venir
de un bosque perdido
pedir refugio,
una especie de auxilio
y saber que alguien
te lo va a dar.
Las personas son así,
en parte casas,
en parte castillos,
a veces lecturas
que con mirar a sus ojos
te crees que es un libro.
Hay algunas que
como verdaderos laberintos
se ocultan en pozos
tan oscuros
que te puedes perder.
Y otras, en cambio,
son como los días,
tan brillantes y tan claros,
tan relucientes
que ni el sol
las puede hacer sombra.
Yo creo que soy
un poco de todo.
A veces me escondo
y escribo asustado
un mensaje despistado
que salga volando
como un avión de papel.
Y si alguno lo encuentra
y si lo quiere leer
y si no se molesta
y le sienta bien
sé que no fue
tan malo, ni vano
y si lo quiere tener,
pues... ¡para él!
Hablando de gentes,
¿te he dicho
que me gusta
verte
siempre por aquí?
COMUNERO